Mucho antes de que el F-5 Freedom Fighter se convirtiera en uno de los cazas ligeros más exitosos de la Guerra Fría, Northrop soñó con algo mucho más ambicioso: llevar su pequeño supersónico a los portaaviones de la Armada estadounidense.
El resultado, fue una familia de proyectos prácticamente olvidados, los N-285A y N-285B, que prometían combinar las virtudes del F-5 y del T-38 Talon con las exigencias de las operaciones embarcadas. Sin embargo, pese a sus interesantes cualidades, nunca pasaron de la mesa de diseño.
