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| Presentación del laboratorio volante supersónico Tu-144LL en Zhukovsky, Rusia (marzo de 1996), al inicio del programa conjunto de investigación de alta velocidad entre EEUU y Rusia. Fuente: NASA. |
A mediados de los años noventa, en uno de esos giros de la historia que habrían parecido absurdos apenas una década antes, ingenieros de la NASA se encontraron trabajando codo a codo con especialistas rusos sobre uno de los símbolos tecnológicos más visibles de la Guerra Fría. El protagonista era el Tupolev Tu-144, el primer transporte supersónico en superar Mach 2 y también uno de los programas aeronáuticos más controvertidos de la Unión Soviética.
Lo que para muchos era poco más que un fracaso espectacular aparcado en un aeródromo ruso, para la NASA representaba una oportunidad única. Mientras Estados Unidos estudiaba la viabilidad de una nueva generación de transportes supersónicos civiles, un viejo Tu-144 ofrecía algo que ningún túnel de viento podía proporcionar: la posibilidad de obtener datos reales en vuelo a velocidades superiores a Mach 2. Así nació el programa Tu-144LL, una de las colaboraciones aeroespaciales más insólitas de la posguerra fría.
La historia del Tu-144 suele resumirse mediante una sucesión de primicias. El primer vuelo tuvo lugar el 31 de diciembre de 1968, dos meses antes que el Concorde. También fue el primero en superar la barrera del sonido y en alcanzar velocidades superiores a Mach 2. Aquellos hitos permitieron a la Unión Soviética presentar el programa como una demostración del dinamismo de su industria aeronáutica y de su capacidad para competir con los grandes proyectos occidentales.
Sin embargo, las victorias cronológicas ocultaban una realidad más compleja. La presión política por alcanzar antes que nadie determinados objetivos había obligado a acelerar etapas de desarrollo, pruebas y certificación. Aunque el avión era tecnológicamente impresionante, también arrastraba carencias que se harían cada vez más visibles a medida que avanzaban los ensayos y comenzaba la explotación operativa.
La pérdida de un ejemplar durante el Salón Aeronáutico de París de 1973 dañó gravemente la reputación internacional del programa. A pesar de ello, las autoridades soviéticas siguieron adelante y Aeroflot inauguró el servicio comercial de pasajeros en noviembre de 1977 sobre la ruta Moscú-Almaty en Kazajistán. Pero esta ruta se mantendría abierta por poco tiempo. Entre 1975 y 1978 la flota supersónica apenas completó 102 vuelos y sólo 55 de ellos transportaron pasajeros. Durante ese periodo se registraron centenares de incidencias técnicas y numerosas averías suficientemente graves como para provocar cancelaciones, retrasos o interrupciones de vuelo.
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| Andrei Tupolev sentado delante del avión que sería la joya de su OKB, el Tu-144, fotografiados juntos el 14 de septiembre de 1977. Fuente: Tupolev via Key Aero. |
Los propios pasajeros tampoco parecían especialmente impresionados. El nivel de ruido en cabina era tan elevado que mantener una conversación normal resultaba difícil, particularmente en la parte posterior del fuselaje. Algunos testimonios describían situaciones en las que los viajeros recurrían a notas escritas para comunicarse durante el vuelo supersónico. A ello se sumaban los elevados costes operativos, las limitaciones de alcance y una fiabilidad que nunca alcanzó los niveles necesarios para sostener una operación comercial estable.
El hecho de que las propias autoridades soviéticas se mostraban cautelosas con la oferta de asientos tampoco resultaba alentadora. Aunque varios aparatos estaban disponibles para el servicio, el Tu-144 sólo operó una ruta regular y las plazas comercializadas se mantuvieron por debajo de la capacidad real del avión. Lo que sugiere que sus propios operadores tenían dudas sobre la seguridad y fiabilidad de su aeronave. La cancelación oficial llegó el 1 de julio de 1983, cerrando una etapa que había durado sorprendentemente poco para una aeronave que aspiraba a simbolizar el futuro del transporte aéreo.
Un avión huérfano tras el colapso soviético
Cuando la URSS desapareció en 1991, una pequeña cantidad de Tu-144 fue almacenada o utilizada ocasionalmente para tareas de ensayo. Para entonces, los problemas de la economía rusa alcanzaban prácticamente todos los rincones de la antigua industria aeronáutica. Los programas militares sufrían recortes severos, las oficinas de diseño buscaban desesperadamente contratos y muchas capacidades industriales sobrevivían gracias a colaboraciones internacionales o acuerdos de exportación, como el firmado entre Zvezda-Strela y Boeing.
En aquel contexto, el Tu-144 parecía poco más que una reliquia de una época desaparecida. No existían perspectivas realistas de devolverlo al servicio comercial, el soporte logístico era limitado y la rentabilidad de cualquier programa de recuperación resultaba cuestionable. Paradójicamente, fueron precisamente esas circunstancias las que acabaron convirtiendo al avión en una oportunidad atractiva para un socio inesperado.
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| Tu-144 desplegando sus paracaídas de frenado tras aterrizar en un vuelo de prueba. Si bien esto reducía la distancia de aterrizaje, la NASA lo consideró poco práctico para ser aplicable en un SST comercial. Fuente: NASA. |
Mientras Rusia intentaba mantener viva su industria aeronáutica, la NASA exploraba un problema completamente diferente. Durante los años noventa impulsó el programa High Speed Research, una iniciativa destinada a desarrollar las tecnologías necesarias para una nueva generación de transportes supersónicos civiles (SST por sus siglas en inglés). El objetivo no consistía en reproducir el Concorde, sino en crear una aeronave capaz de transportar en torno a 300 pasajeros, cubrir mayores distancias y hacerlo con una eficiencia económica muy superior a la de los SST de primera generación.
Para lograrlo era imprescindible obtener datos de vuelo reales. Los ingenieros necesitaban comprender mejor cuestiones relacionadas con la aerodinámica supersónica, el calentamiento estructural, el ruido, la interacción entre motores y entradas de aire, las vibraciones y numerosos fenómenos difíciles de reproducir completamente mediante simulaciones o túneles de viento. Producir un demostrador específicamente para recopilar esa información habría supuesto una inversión gigantesca.
Las conversaciones mantenidas entre especialistas estadounidenses y rusos a partir de 1993 llevaron a una conclusión tan inesperada como lógica. El Tu-144 existía, era capaz de sostener velocidades superiores a Mach 2, disponía de un tamaño comparable al de los aviones estudiados por la NASA y podía ponerse en servicio por una fracción del coste de un nuevo diseño experimental. Desde la perspectiva estadounidense, representaba una solución extraordinariamente eficiente.
El proyecto encajaba además en el nuevo clima político surgido tras la Guerra Fría. La cooperación quedó integrada en los acuerdos tecnológicos impulsados por el vicepresidente estadounidense Al Gore y el primer ministro ruso Viktor Chernomyrdin, convirtiéndose en una de las iniciativas más visibles de la nueva relación entre ambas potencias.
La transformación en el Tu-144LL
El aparato seleccionado para el programa fue el Tu-144D matrícula RA-77114, que realizó su primer vuelo en 1981. A pesar de su edad, acumulaba relativamente pocas horas de vuelo y ofrecía una base adecuada para la conversión, requiriendo modificaciones más profundas de lo que suele sugerir la simple denominación de "demostrador tecnológico".
La aeronave recibió una completa modernización de sus sistemas de adquisición de datos de vuelo, nueva instrumentación científica, sensores destinados a estudiar cargas estructurales, equipos para registrar el comportamiento aerodinámico y numerosos dispositivos específicos para los vuelos de prueba. Los motores originales fueron reemplazados por cuatro Kuznetsov NK-321 derivados de los utilizados por el bombardero estratégico Tu-160, proporcionando mejores prestaciones y una autonomía significativamente superior.
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| El Tupolev Tu-144LL despega del Centro de Desarrollo Aéreo Zhukovsky, cerca de Moscú, Rusia, durante un vuelo de prueba en 1998. Los motores NK-321 elevababn la velocidad máxima de Mach 2.15 a 2.3 con una mejora sustancial en el consumo de combustible. Fuente: NASA. |
El resultado fue bautizado como Tu-144LL, siglas de Letayushchaya Laboratoriya o "Laboratorio Volante" en castellano. El nombre describía perfectamente la nueva función del aparato, lejos de ser un transporte de pasajeros, su nueva misión consistía en generar conocimiento y proporcionar datos imposibles de obtener por otros medios con un coste razonable.
Este programa reunió a una combinación de organizaciones que habría parecido impensable pocos años antes. Junto a la NASA y Tupolev participaron empresas como Boeing, General Electric y Pratt & Whitney, además de distintos centros de investigación y organismos gubernamentales de ambos países.
Durante décadas, estadounidenses y soviéticos habían invertido enormes recursos en espiarse mutuamente, pero cuando finalmente llegó el momento de trabajar juntos, descubrieron que la cooperación podía resultar casi tan compleja como la competencia. A las diferencias culturales y organizativas heredadas de la Guerra Fría se sumaba una realidad mucho más mundana: mientras los ingenieros rusos trabajaban en el sistema métrico, sus homólogos estadounidenses utilizaban sistema imperial. Antes de resolver los desafíos del vuelo supersónico del siglo XXI, ambos equipos tuvieron que ponerse de acuerdo sobre algo mucho más básico: cómo medir las cosas.
Pese a ello, el programa avanzó con notable eficacia y consiguió completar los objetivos previstos. Lo que había comenzado como una solución pragmática para aprovechar un avión que estaba juntando polvo en un hangar terminó convirtiéndose en un ejemplo exitoso de colaboración técnica entre antiguos adversarios.
Entre 1996 y 1999 se realizaron seis vuelos exploratorios y dos campañas de ensayos en tierra destinadas a recopilar información sobre aerodinámica supersónica, capa límite, comportamiento estructural, ruido interior y exterior, perfiles de vuelo y características de las entradas de aire de los motores.
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| Los pilotos de prueba de la NASA, Gordon Fullerton (Izq.) y Robert A. Rivers (der.) fotografiados en en la línea de vuelo de las instalación de pruebas de Tupolev en el Centro de Desarrollo Aéreo Zhukovsky en Rusia. Ellos fueron los responsables de volar al Tu-144LL durante las pruebas. Fuente: NASA Langley Research Center via The Internet Archive. |
Una de las áreas más importantes estaba relacionada con el flujo de aire en las admisiones de los motores. A velocidades superiores a Mach 2, el diseño de las entradas de aire resulta crítico para garantizar que el aire llegue a los motores en condiciones adecuadas. Pequeñas alteraciones pueden afectar significativamente el rendimiento o incluso provocar problemas operativos. Los ensayos realizados sobre el Tu-144LL permitieron obtener información real que complementó y validó estudios desarrollados previamente en túneles de viento y modelos computacionales.
Los investigadores también aprovecharon la aeronave para estudiar fenómenos aerodinámicos complejos asociados al vuelo supersónico sostenido, además de recopilar datos estructurales y acústicos que posteriormente se integrarían en los estudios del programa High Speed Research. El resultado fue una base de conocimiento mucho más sólida para futuros diseños supersónicos.
Aunque la siguiente generación de SST estadounidense que justificaba originalmente la investigación nunca llegaría a materializarse, los datos recopilados permanecen disponibles para las generaciones posteriores de ingenieros que quieran enfrentar este desafío.
Cuando intentaron vender un SST por eBay
Tras la finalización del programa conjunto con la NASA, el Tu-144LL volvió a quedarse sin un propósito claro. A comienzos de los años 2000 se intentó encontrar un comprador para el aparato y una de las iniciativas más llamativas terminó llevándolo hasta eBay. Según Randall Stephens, intermediario de la operación con la mejor oferta rozando los U$S 12 millones (más de U$S 23 millones acutalmente); llegó a existir un comprador serio dispuesto a adquirir el antiguo laboratorio supersónico, pero la combinación de restricciones gubernamentales, disputas burocráticas y problemas relacionados con los motores NK-321 acabó frustrando la venta.
Más allá del resultado, el simple hecho de que la operación llegara a plantearse resulta extraordinariamente simbólico. El Tu-144 había nacido como una demostración de la capacidad tecnológica de la URSS y como una respuesta directa a uno de los grandes proyectos aeronáuticos de Occidente. Sin embargo, apenas una década después del colapso soviético, uno de sus últimos ejemplares operativos terminaba anunciado en eBay, una startup de Silicon Valley convertida en símbolo del capitalismo digital estadounidense.
La situación recuerda inevitablemente a la célebre frase de Gordon Gekko, personaje interpretado por Michael Douglas en Wall Street (1987): "La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena". Probablemente nadie en la oficina de diseño Tupolev habría imaginado que una de las joyas tecnológicas creadas para demostrar las virtudes de la economía planificada acabaría algún día buscando comprador precisamente allí.
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| Las elegantes líneas del Tu-144LL durante una pasada a baja altitud. La aeronave conservó su registro civil RA-77114, junto con la adición de una bandera estadounidense en la deriva y los logos de las empresas norteamericanas participantes detrás de la cabina. En el fuselaje se puede leer: "Москва", o "Moscú" en ruso. Fuente: NASA. |
Conclusión
La historia suele recordar al Tu-144 como un fracaso y, desde un punto de vista estrictamente comercial, resulta difícil discutir esa valoración. Su carrera fue corta, problemática y quedó eclipsada por la longevidad del "L'Oiseau Blanc" anglo-francés. Sin embargo, reducir toda su trayectoria a ese desenlace implica ignorar un último capítulo tan improbable como fascinante.
Después de haber sido concebido para derrotar tecnológicamente a Occidente, el Tu-144 terminó colaborando con él. Después de fracasar como transporte comercial, encontró una segunda vida como plataforma científica. Y después de sobrevivir al colapso de la Unión Soviética, acabó siendo anunciado en una empresa que representaba muchas de las transformaciones económicas y tecnológicas surgidas precisamente tras la desaparición de aquel mundo para el que había sido construido.
Quizá ese sea el legado más interesante del llamado "Concordski", no haber sido el futuro de la aviación supersónica, sino haberse convertido en una herramienta para estudiarlo. Para un avión que pasó buena parte de su existencia intentando demostrar que había llegado primero, resulta apropiado que terminara siendo recordado por algo bastante más útil que una simple carrera contra el Concorde.
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| Por fortuna para los entusiastas, RA-77114 fue preservado como "gate guardian" en Zhukovsky. En 2019 la aeronave fue repintada con la librera de Aeroflot de la antigua USSR con el registro CCCP-77114. Fuente: "Apetrov09703" via Wikimedia Commons. |
Fuentes:
- United States Department of Defense. (1967). Tupolev Tu-144 supersonic transport aircraft (AD0646293). Defense Technical Information Center.
Disponible en: https://archive.org/details/DTIC_AD0646293/mode/thumb - Technical and economic characteristics of supersonic transport aircraft (1967-1970). TESMA Proceedings.
Disponible en: https://archive.org/details/67-70-tesma-204-ijeast/mode/2up?q=Tupolev+Tu-144 - United States Department of Defense. (1996). Assessment of Russian aerospace technologies and cooperative research programs (ADA330104). Defense Technical Information Center.
Disponible en: https://archive.org/details/DTIC_ADA330104/mode/thumb - Acosta, A; Balser, J. S; McCartney; y otros. (1997). Joint U.S./Russia Tu-144 engine ground tests. NASA Lewis Research Center.
Disponible en: https://ntrs.nasa.gov/api/citations/19970025571/downloads/19970025571.pdf - Robert A. R; Jackson, B. E; Fullerton, C. G; y otros. (Marzo, 2000). A Qualitative Piloted Evaluation of the Tupolev Tu-144 Supersonic Transport (TM-2000-209850). NASA Langley Research Center.
Disponible en: https://archive.org/details/NASA_NTRS_Archive_20000025077/mode/1up - Webmaster. (Marzo 21, 2002). ANN Exclusive: What happened to the Tu-144 sale? Aero-News Network.
Disponible en: https://www.aero-news.net/index.cfm?do=main.textpost&id=5d307b97-9ec1-4c9b-b3e7-796230514a8b - National Aeronautics and Space Administration. (2002). The Tu-144LL: A supersonic flight research laboratory project summary (FS-2002-09-062-DFRC). NASA Dryden Flight Research Center.
Disponible en: https://www.nasa.gov/wp-content/uploads/2021/09/120315main_fs-062-dfrc.pdf - Haynes, T. (Diciembre 31, 2020). Why the Soviet Union's supersonic airliner failed. Key Aero.
Disponible en: https://www.key.aero/article/why-nasa-used-tupolev-tu-144







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