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| Una sección de F-2 F-2 volando en formación, con su impresionante camuflaje en dos tonos de azul. Llegar a este avión fue un verdadero laberinto político y técnico. Fuente: Ministerio de Defensa de Japón vía Wikimedia Commons. |
Desde que la flota del Comodoro Matthew Perry llegó al puerto de Uraga en 1853, las relaciones entre EEUU y Japón han oscilado entre la amistad, hasta la desconfianza absoluta derivando en la Segunda Guerra Mundial. Tras la contienda y en el contexto de un mundo bipolar, ambos países se embarcaron en un nuevo capítulo en sus relaciones bilaterales regida por una coreografía de dependencia y desconfianza estratégica.
Japón, bajo el paraguas de seguridad estadounidense, reconstruyó su industria aeronáutica fabricando bajo licencia cazas como el F-4J y el F-104J. Sin embargo, para la década de 1980, la necesidad por un nuevo avión de combate se sumaría al sentimiento nacionalista en Tokio que buscaba romper con la tutela de Washington, deseando que este nuevo diseño no solo defendiera sus cielos, sino que también consolidara su soberanía tecnológica. Esta es la historia del programa FS-X.









