A comienzos de la década de 1980, la aviación militar sudamericana estuvo a punto de presenciar un hito tan ambicioso como inverosímil, la introducción al servicio en primera línea del mítico Lockheed F-104 Starfighter. La Fuerza Aérea Boliviana (FAB), una fuerza históricamente orientada al combate ligero, adiestramiento y transporte, estuvo a la firma de incorporar nada menos que 52 ejemplares del "Zipper" procedentes de Bélgica.
Un movimiento militar y geopolítico sin precedentes que habría transformado de la noche a la mañana la doctrina operacional de la FAB, introduciéndolos por la puerta grande al mundo supersónico. Sin embargo, detrás de este contrato se escondería un complejo entramado de turbulencias políticas, trabas diplomáticas, pagarés bancarios internacionales y un enredado juicio en los tribunales de Nueva York. Esta es la historia del caza supersónico que nunca llegó al Altiplano.


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